Tras su aspillera mirada
una luz penetra en fuego su alma
el calor enciende sus labios
y sus brazos crepitan al unísono.
Las almenas que revisten sus cabellos
han caído
¡han caído
sin saber porqué ha pasado!
ya las ramas han secado,
ya los bosques, incendios vivos,
trepidantes van errando.
El último rastro de luz
ha recorrido su piel erizándola
¡desmayo!
sus luceros se encienden
en fermentos de éter
en parajes tan distintos
y distantes
entre cuervos huecos
y carroña hecha lirio
sus pasos
son caricias del cieno
y la desvisten en intensa mirada.
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