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 Martha Cotrofe, Pietro Igarza & Raquel Hernández

Entre mis brazos siento tus desvelos
y estás callada, tú, melancolía,
ya alejada de mi alegría
tu blanca noche oscurece mis cielos.

Entre aves recuerdos nacen vuelos
de juramentos leves, noches frías
de ambiguos puentes y eternas vías
que me sumergen en perpetuos duelos.

Son mis penas sutiles alas, viento
que nace rápido mientras me alejo
cuando en tus besos la muerte presiento.

y volando me pierdo sin reflejo
en horizonte onírico y lento,
en el calor de mi cielo bermejo. 




Pietro Igarza & Raquel Hernández

Si me sorprende tu encanto
dejando al paso suspiros
no son en vano los giros
de mi alma en quebranto, 
mas si causaras espanto 
en lejana letanía 
no serías sinfonía 
ni al esbozar tu recuerdo 
en el que sutil me pierdo 
en mis vuelos de agonía.  

¿Por qué la rosa cortaste? 
¿por qué las espinas besas? 
¡si tus labios dulces fresas, 
porqué no besos regaste! 
siempre al vergel me mandaste 
mas al vergel de lamentos 
donde nacen los fermentos 
de tu silente mirada 
que es saeta envenenada  
que con ausencia blindaste. 

Pueden matarme tus ojos 
tus espadas lacerantes 
o morir segundos antes 
por tus bellos labios rojos. 
Entre todos mis antojos 
es tu ser el que prefiero 
y cada mañana espero  
despertar en tu guarida 
mientras tu boca dormida 
me guarde aquello que quiero. 




Raquel Hernández & Pietro Igarza

Se desprende de tu pelo el mensaje
promete el regreso a tu paraje
tras el frío que durmió en mis manos
radiante me devuelves los veranos.

Y se desviste en suaves trinos,
golondrina revoloteando en mares encendidos
por el abrazo del cielo carmesí
que conjugado con sus labios silentes
anuncia con sutileza el estío
entre el fulgor de sus esmeraldas caricias
y siente 
como nace el color en sus delicadas mejillas.

La habitación con la brisa fina 
que escapa de cuerpo ayer dormido 
y hoy cantando por su suave frenesí 
que inunda el cielo con su voz paciente.


Martha Cotrofe, Raquel Hernández & Pietro Igarza

Crepitas y resuenas en cada melodía que transita en el alma mía. Eres fuego fatuo en la vorágine de mis pensamientos, fuego que me devora en fractal laberinto de ideas entre mis deseos sublevados. Ardes, mas eres tempano de hielo bifurcado entre dos bandos.

En tu profundo bosque arde un fuego añejo. Pocos reconocen tu flama, pero no busques revelarlo. No provoques incendios, porque sé que tienes el poder de hacerlo. Nunca dejes que se apague. Alimenta tus llamas, solo tú sabes cómo. Y deja que quienes sientan frío se acerquen a tu calor. Deja a un lado el miedo e ilumina el camino con tu fuego.

Tus restos me alimentan , son luz y sustento. Árbol frondoso de sombra y aves, aún muerto me cubres con tus bienes.


Carmen Puerto, Raquel Hernández & Pietro Igarza

Capricho sutil del barbado cielo que osa en el ojo de sus deseos crear un ligero remolino. Y es del firmamento esmeralda o topacio fermentado con suavidad en anhelos.

Eres la tierra que evita mi desborde, el abrazo perpetuo que resiste mi desgaste.

Me traes el mundo, la gente, las voces, las huellas. Me envuelves con tu verdor suave, leve, pequeño, imperceptible porque conoces mis temores, mis sobresaltos, las barreras siempre altas a punto de romperse como olas.

Me conviertes en sirena, mujer y pez, nuevo ser parido por nuestros besos.

Primogénitos besos paridos entre tu boca y la mía. Quebrados sus cordones, bucean en océanos oxigenados en saliva. Entre flora de corales y enjambres, quejidos ahogados en oxitocina, acunan el mal sabor de no habernos besado antes.


Pietro Igarza & Raquel Hernández

Leño que gimes entre suspiros de flores
¡adónde van las caricias de volantes amores
si no a la cima de tus deseos!

Eres recuerdo de árbol florecido,
leño que respiras aunque estés dormido
gruñes a la caricia de la mano firme
que despierta en tus entrañas flores
que no se extinguen.


Pietro Igarza & Raquel Hernández

fuego que te vistes en fuego
galopas con brío y garbo
dando a parar a minúsculos universos
que historias narran silentes, ¡qué historias!

Espuma que cabalga mis poros, espuma
blancura de crines rebeldes, blancura
el galope del mar en mis oquedades
la sal incendiando mi piel
relincho de los caracoles, relincho
cascos impalpables, cascos.

Cabalga tú en los mares, cabalga
sé las olas impetuosas
que resuenan lacónicas en mí.
Siente el canto de la sirena brisa, siente
y no suspires el cielo
cuando en el cénit del firmamento
mi rostro veas sonreír.