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La pureza en tu mirada siento,
siento como la eternidad
me cobija al verte,
como esos faros de amor
iluminan el sendero
de mi alma.

Tú, ser risueño, pequeño gigante,
un espacio dame
en esa luz que habitas,
dame un rincón para guarecerme
en ese paraíso
que eres tú,
que es cada una de tus sonrisas,
que es cada uno de tus besos.

Un instante dame
para ser corriente de luz
en tu espejo,
para sentir en mis manos mis latidos
y no callar las sonrisas,
y no temer al desborde
de estos mares
que ojos llamo.

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Qué es el amor
si no una quimera de alas dolientes,
un precipicio rodeado de espinas afiladas
tan profundo,
tan profundo que el vacío es la luz
que lo sostiene.

Es un dolor inmenso
en cada lado,
en cada mirada
que se despista por una sonrisa lacerante,
en cada beso que confluye en mares embravecidos,
en cada adiós.

¿Qué eres, amor?
¿Qué has hecho para invadir mi pecho
y ser dueño de mis latidos?
¿Qué eres, amor?
Me dueles,
mis manos no te observan,
están ciegas ante ti,
ante tus caricias mudas,
ante tus sordos abrazos,
ante la invalidez de tu rostro.

Me dueles, amor,
mas en tus orillas descanso cada mañana.

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Las palabras mueren en los labios
agonizan
veo sus colores vibrar por los aires
acariciar rostros
fruncir ceños
elevar al cielo sonrisas
hacer ríos en los ojos
arder en la piel
mas las palabras
no mueren fuera de uno
¡no!
Vuelven al nido
que las invitó a volar
una y mil veces mil lo hacen
para morir vuelven
para morir vuelven
para morir vuelven
y con ellas las emociones
punzando las orillas de los labios.
Inflaman las palabras el alma
rompen sus espigones
con olas que atraviesan las gargantas
con espinas y pétalos.

En los labios las palabras mueren
y vuelven a nacer.

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Recorro cada línea de mi inexistencia
mientras ella me recorre en cada risa olvidada,
en cada beso que escapó, despavorido, de mis labios,
en cada puñalada del blanco amor.

Estoy respirando el aire fugitivo del pasado,
mis labios saborean la hiel de un recuerdo
que estalló en mi mente
y palpita aún en mis venas.
Las observo, y esas venas, a mí,
me lanzan miradas incandescentes al rojo
y a un corazón inocente ardiendo dejan,
dejan...

PINTURA: HOMBRE PENSATIVO FRENTE AL MAR Teo Revilla Bravo 

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Autores:
Pietro Igarza, Lucy L. Harker, Lau Niom y Merry Zaragoza

Una noche amarga mi cordura
que, extraviada, palpita al rojo.
La maldad entre mi sangre se impregna;
es como un ser despiadado,
desde el inframundo me llama
¡vaya día para moribundo hallarme!

Dejo de aferrarme a este inerte cuerpo,
que yace a tres pasos del mío:
un reflejo,
un reflejo muerto
que tiene en su mirada soles congelados,
y en sus manos...en sus manos un adiós no pronunciado.

Estoy de pie,
y mi cuerpo tendido en sus lamentos
es sostenido por una brizna de luz.
Estoy en redor de esa piel tremulante,
Y mis ojos son astros fulgurantes
que iluminan la eternidad,
mientras la oscuridad se aproxima.

Es un atardecer sombrío
por la lluvia que, antaño,
lastimaba mi piel
y discurría por los ríos de mis venas.
Esos son mis recuerdos...
ese es mi cuerpo a tres pasos de mí.

Que todo es un espejismo pensar quisiera,
¡Liberame!
Me envolveré en sábanas blancas
para purificar mi alma.

Pintura: Viaje nocturno - Ramón Carretero



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Una casa blanca en mis pupilas hacen mis ojos,
en sus adentros mil portales me conducen
a los pasos renegados
de los labios del tiempo.

Veo las sonrisas de las puertas
derritiéndose en mis manos,
cada una de ellas lleva en silencio
mis andanzas,
andanzas caídas y elevadas
por el rayo del anhelo.

Aún siento el eco de la madera en mi alma,
resuena con estrépitos y languidece
al encenderme en llamaradas volátiles,
llamaradas de ilusiones,
quiméricas llamaradas
que inviernan a mis ojos,
haciendo que el rocío
fluya por el cauce de mis mejillas
hasta el mar de mis labios.

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Sobre el viejo piano de sus recuerdos
una nota clama por su amada
ella
envuelta en melodías de suspenso
se resiste a ser nombrada                                               
                                      do
                         fa
             mi
re
renuncia a sus pretéritos abrazos
que el verdor es ilusión
y los árboles son llanto.
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Tras su aspillera mirada
una luz penetra en fuego su alma
el calor enciende sus labios
y sus brazos crepitan al unísono.
Las almenas que revisten sus cabellos
han caído
¡han caído
sin saber porqué ha pasado!
ya las ramas han secado,
ya los bosques, incendios vivos,
trepidantes van errando.
El último rastro de luz
ha recorrido su piel erizándola
¡desmayo!
sus luceros se encienden
en fermentos de éter
en parajes tan distintos
y distantes
entre cuervos huecos
y carroña hecha lirio
sus pasos
son caricias del cieno
y la desvisten en intensa mirada.

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No pedía
Entregarse a los brazos del fuego
y sentir el calor de las brasas
como estando en un beso eterno.

No pedía
la muerte breve del abrazo inconcluso,
los suspiros de la agonía.

No pedía
estallido de fuegos artificiales,
montañas rusas
ni acrobacias amorosas.

Pedía
una orilla donde descansar el alma,
una balsa
para mecer su mente
hasta olvidarse de sí,
un río
que la lleve lento a otra costa...

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Los surcos de tus labios han hablado
han contado los pasos de tus besos
los surcos de tus labios han hablado
y entre ellos he caído preso.

Los surcos de tu piel son mis abismos
que acunan a mis sueños dulcemente
los surcos de tus silencios, delirio
que pierden mis olvidos sabiamente

Geografía que construye cuerpos
en las pieles que brillan en la aurora
cuerpos fortalecidos por el tiempo
al sumergirse en tu ser sin demora.

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Saben mis manos abrazar el fuego
de tus caderas al pintar tu piel
con la mirada en intenso ruego

y desvestir las olas de hidromiel
que en ti penetran en céfiro vuelo
para confluir en tu marea fiel.

sólo los rayos dignos de tu cielo
rayos de sol que se internan en ti
pueden lucir con fiero frenesí
tu más ansiado y elevado anhelo.

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Siento un dolor que me fustiga... 
Yo mismo soy mi mismo frío; 
mi misma soledad me abriga. 

En las noches nace el desvelo 
de mis entrañas que crepitan 
en fractales ramas en duelo, 
en estallidos que levitan. 

Me invierno en vano cielo 
de estrellas que desorbitan.

Este poema participó en el IV concurso de micropoemas de la fundación José García Nieto. En este poema se toman dos versos del poeta José García Nieto, —valga la redundancia— los cuales son el segundo y el tercero. Bienvenidos sean los comentarios para poder interactuar entre poeta y lector. Por su atención, gracias! 




El mar agoniza
en cada lágrima de sal
que curte el rostro de la arena.
El sol se mece
en cada rayo de luz
que nace de su sonrisa perlada.
La oscuridad me nombra,
me nombra en el silencio de su mirada
y brotan partículas de eternidad del céfiro de sus labios.



Luceros que, apagados, buscan el calor de un recuerdo que se arremolina entre sonrisas y vetas de un adiós no pronunciado. Sinsontes que susurran el candor de sus desvelos a las ondas de oro negro en el fuego de la huida. Presencia de las huellas de los besos de un sol que acariciaba con sutiles rayos las filigranas de su amada.



En el estallido de sus pasos, una hoja cruje y sonríe en ámbar el dolor del bosque. Ella, de ondas arreboladas y caóticas novas en su rostro, busca el silencio de la dama noche que, en el desvelo fuego, abrasa sus sueños. No nace en el lienzo de su figura el alba que a sus pares alumbra en el color de sus ojos.

La sombra que yace en sueños, la sombra que vive en sus silencios ha detenido el tiempo y se escurre entre sus dedos.



En el pequeño enorme navío de tus silencios
navego inmerso fiel a la distancia,
¡las olas suspiran!
¡se oyen cantos de sirenas!
siento el calor de tus gélidas aguas.

Y en incansable agotamiento te observo 
a través de una ceguera que alumbra mis sueños, 
sueños que se desvisten aún estando desnudos
porque son sueños, mas sueños lúcidos.


Efímera tormenta, sutil brisa 
cuando a mi lado, mi bien ansiado. 
Y en un instante construyes paredes 
dejándome silente, alocado, 
muerto, hueco, entre fermentos de trébol 
y suspiros de anochecido cielo. 

No soy astro de tu estéril cielo 
ni soy viento de tu sonrisa brisa. 
No soy la luz de tus desprecios trébol, 
mas soy tu eterno universo ansiado. 
Otrora fui mancebo alocado 
y tú lo notas por gruesas paredes. 

Me encargo ahora de quemar paredes 
como el sol quema al verano cielo 
y no caer en suspenso alocado 
tras la subida de céfiro brisa 
entre tus labïos de mar ansiado 
suspendido entre quimérico trébol. 

Nunca verás la raíz de mi trébol 
esencia, ni cimientos de paredes 
mías, tendrás firmamento ansiado 
cuando el azul añil de tu cielo 
se conjugue con cadenciosa brisa 
de nacarado mirar alocado. 

Y seguirá el verso alocado 
escrito en nuestras mentiras trébol 
de cuatro hojas en magenta brisa 
y entre debilitadas paredes 
que dan entrada a somero cielo 
de bienestar insustancial ansiado. 

ya en oleajes te he ansiado 
en espigón de mi ser alocado
y siento el beso de nítido cielo 
y la amargura de un tallo trébol 
que guarda el éter en sus paredes 
y se despide en susurros brisa. 

Siendo el ansiado rocío de trébol 
quedo en paredes tuyas alocado 
y en mi brisa no hallo tu cielo.


Tus labios son el pistilo que polinizo con besos,
besos que se despistan por tus mejillas arreboladas
que estando en intensa llamarada
en acuarela esbozan el cielo de tu sonrisa.
Y son mis brazos simulando ser suaves ramas
donde te posas con sutileza bella ave de paso
¡vientos del sur! Y te alejas en bandada
ya tu camino en lienzo está en trazos.
vanos suspiros fluyen en nuestra vera
tú tan cerca y a la vez tan lejos
recuerdos nacen sin haberte marchado
y yo te olvido antes de tu partida.
Aunque tus susurrantes céfiros
resuenen aún en el alma mía,
Aunque tu dulce mirada se empotre en mi mente
y mi corazón...y mi corazón quiera estallar en un instante.


en el azul de su mirada
subyace el corazón de nuestra amada Gaia
bombea peces, mantarrayas
en palpitaciones de sal se aglomera.

Una pequeña taquicardia
¿será de amor o es la ribera
que arrastra a su paso insensibilidad?
quizá sea sutil gresca,
nada pasó —dice— regulando sus latidos
soslaya el ligero incidente
y continúa a su vera
no sintiendo dolor en su inconmensurable sino.

Mas se hacen repetidas
las fallas de bombeo
ya no es más la ribera
ahora verdugos con vela son encendido hierro.

Y laceran con venenos noche,
noche de oro negro,
a temeroso ventrículo izquierdo
que tose y tose
creyendo haberse recuperado...
¡Adios!
a inocente centro motor
una arritmia ha enfriado.


Será alambique, alquitara que destila
tu esencia con la dulce caricia abrasadora
de mil soles, de crisoles fundidos
y párpados de faros al rojo vivo.

Será promesa de verdes campos vivos
entre tulipanes, rosas, nardos
que ante la palingenesia de sus labios
arrebolará un cielo que se dio por perdido.