ESA PLAYA ES MÍA





Cuando me alcanza el sol por la mañana
hacen mis manos rostros en la arena,
me pierdo silencioso en la condena
de la marea, en alma, filigrana.

Mi vida da mil vueltas de campana
cuando la marejada late en pena,
el río de la sangre fluye en vena
hasta la muerte azul de noche anciana.

La brisa me cobija noche y día
siento el céfiro andar con finos pasos
por la senda de arena que es la mía.

He visto en mis luceros cielos rasos,
las olas y las nubes, ¡qué armonía!
¡qué dulce el caminar de los ocasos!


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