a morir se resisten con firmeza,
vanagloria del ego ante proeza
por mantener su luz viva y latente.
Algunas gimen en clamor silente
la más debilitada ansiosa reza,
pues sabe que cayendo en la torpeza
será chapuza de tan magna fuente.
A veces, llamaradas son de fuego
y penetran cual viento el alma mía
otras, sólo ilusión del vano ego.
¡Oh, cuántas de ellas fueron sinfonía!
y fueron lazarillo del que, ciego,
mostró dolor en pérfida agonía.
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